Dios de amor

La teología y la religión ¡tienen tanto que aprender de Dios y de su Palabra!

La famosa “sana doctrina” ¡tiene tanto que aprender de qué es una doctrina sana!

Ya te dije días atrás que cuanto más conozco a Dios, más me falta conocer; que cuanto más creés saber, se desbloquea un nuevo nivel de desconocimiento.

Tal vez de lo que nos olvidamos, precisamente, es que Dios es Dios y no simplemente “un dios”.

Es increíble que todavía existan militantes de esa vieja doctrina farisea del “algo habrán hecho”, de esos que le preguntaron a Jesús: “¿Quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:2).

O los famosos amigos de Job, que se empecinaban en buscarle el pecado oculto y justificaban su caos bajo el manto de la responsabilidad personal

¡Lindos amigos! Con gente así, ¿necesitás enemigos?

Nos espantamos y horrorizamos, pero cuando vemos a alguien en problemas… ¿no pensás que está en pecado? ¡Daaaaale!

Nos gusta ver a un Dios de juicio, ignorando su Palabra, que dice que “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Santiago 2:13).

Nos gusta ver a Dios señalando el pecado (siempre que sea el del otro) para resguardar la santidad y el temor de Dios (de los demás, no los nuestros).

Somos rápidos para poner en la balanza las buenas y las malas obras (de los demás) y hablar de las consecuencias de esas acciones, para “permitirle” a Dios que pueda bendecir a fulano o a sultano, o señalar con horror que justifica al pecador.

Ay, ay, ay… “¡Escribas y fariseos, hipócritas!” (Mateo 23:13, 23, 25, 27 y 29).

¿No sabés que Dios (que es Dios) también es Padre? (Mateo 6:9; 2 Corintios 6:18; 1 Juan 3:1).

¿No sabés que Dios es amor? (1 Juan 4:8, 16).

¿No entendiste todavía la cruz?

¿No sabés que se dio por amor? (Juan 3:16; Romanos 5:8).

¿No entendiste Romanos, cuando dice que junto con Cristo “nos dará también todas las cosas”? (Romanos 8:32).

David sabía de enemigos, sabía de caídas y tenía intimidad con Dios.
Él dijo: “…me sacó a la libertad; me salvó porque me amaba” (Salmo 18:19, TLA).

¡Cómo! ¿Dios no actúa por siembra y cosecha? Sí, claro… pero, sobre todo, por amor.

Si el mérito no te alcanza…

Si las obras no son suficientes…

Si el aceite está escaseando…

Incluso si se puso un poco rancio…

Por sobre el juicio está la misericordia, de este Dios. Un Dios que es amor.

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