Los procesos de aprendizaje son complejos y continuos. Siempre se ha dicho —y lo creo porque lo experimento— que es más difícil desaprender que aprender nuevas habilidades.
En lo personal, el embrague es un ejemplo muy claro. Muchos tenemos (tenía) la mala costumbre de dejar el pie apoyado sobre el embrague al manejar. Eso daña el mecanismo y, a la larga… tenés problemas que requieren un servicio técnico. El pie debe estar en el piso o, como vienen ahora muchos vehículos, sobre la alfombra del pasarruedas que está al lado del embrague.
Otro ejemplo, menos habitual tal vez, es la palanca de velocidades. Muchos tienen (tengo) la costumbre de apoyar la mano sobre la palanca como si fuera un joystick, con algunos aires de Franco Colapinto, sintiéndote un corredor de Fórmula 1. Pero, como sucede con el embrague, eso también daña la caja de cambios. Hay pequeñas oscilaciones normales que quedan limitadas y, al mismo tiempo, se ejerce una presión constante sobre el mecanismo.
Alguien dijo alguna vez —y va en el mismo sentido— que es más fácil desprenderse de una adicción al alcohol o a las drogas que del “inocente” cigarrillo. ¿Por qué? Porque a este lo considerás una costumbre, un hábito normal de la gente (aunque cada vez se fuma menos) y no una adicción negativa. Si venís fumando desde hace varios años y socialmente siempre fue aceptado, ¿por qué deberías dejarlo? Después de todo… “de algo hay que morir”, ¿no?
A eso se refiere la Biblia cuando presenta la lucha entre la carne y el espíritu. Aunque, en realidad, sería más preciso decir “el conflicto” entre la vida carnal y la espiritual, o entre la vieja y la nueva naturaleza.
Y la palabra conflicto encaja mejor todavía, porque es algo que no debería existir. No tendría que haber una lucha entre lo viejo y lo nuevo… pero la lucha existe.
En la última serie de mensajes que compartimos, Conquistando la Promesa, el punto era justamente ese: derribar aquellas fortalezas de nuestra vida donde la vieja naturaleza seguía peleando por prevalecer.
En la cruzada del mes pasado, Rompimiento de Cadenas, pasaba exactamente lo mismo: aquellas situaciones que estaban enquistadas en nuestra esencia, cosas que veníamos arrastrando de la vieja vida y de las que era necesario despegarnos, renunciar a ellas y declarar la completa libertad en Cristo (Juan 8:36).
Por eso digo que los procesos son complejos y continuos; justamente por eso son procesos: porque son continuos. A cada paso que damos debemos ir despegándonos de aquello que quiere permanecer, pero que ya no le corresponde estar. A cada avance hacia la meta y el propósito, necesitamos soltar los lastres que se convierten en obstáculo y peso para alcanzar la plenitud en Cristo y la vida abundante.
Es la puesta en práctica de Filipenses 1:6: “…el que comenzó en ustedes la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Hay cosas que seguirán molestando, como las moscas en verano, hasta el día del encuentro con el Señor, ya sea que Él venga o que nosotros vayamos… como dicen las ofertas: “lo que suceda primero”.
Después del arrepentimiento del rey Manasés, él restauró el culto al Señor y quitó muchos de los altares paganos. Sin embargo, el cronista hace una observación muy interesante:
“Sin embargo, el pueblo seguía ofreciendo sacrificios en los altares paganos, aunque solamente al Señor su Dios.” (2 Crónicas 33:17).
El corazón ya había cambiado, pero algunas costumbres todavía permanecían. Habían dejado la idolatría, pero seguían usando lugares que pertenecían a su antigua manera de vivir.
Es más difícil desaprender que aprender.
O, si preferís decirlo al revés, es más fácil aprender que desaprender.
Como sea, no tomes como válidas y habituales algunas costumbres y prácticas que te dejó el muerto. ¿Qué muerto? ¡Vos!
¿No entendiste que Pablo dijo que “estás muerto” (Colosenses 3:3)? ¿Y que “sos una nueva persona” (2 Corintios 5:17)?
No te resignes ni te conformes. No lo aceptes ni lo negocies.
Van a parecer cosas cotidianas y hasta propias. Pero no son tuyas… son del muerto.
¡Con razón Pablo exclamaba: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).
Como él, dale lugar al Espíritu para que continúe la obra de la completa santificación. Porque el que comenzó la buena obra… también la terminará.
