La Biblia describe la voz de Dios como algo realmente impactante. En algunos casos muestra cómo la gente se confundía y pensaba que era “un trueno” (Juan 12:28-29), o la describe como “estruendo de muchas aguas” (Ezequiel 43:2; Apocalipsis 1:15; 14:2). Incluso hubo quienes, por desconocimiento, pensaron que alguien más los estaba llamando, como le ocurrió a Samuel (1 Samuel 3:1-10).
No puedo imaginar realmente lo que habrán sentido aquellos que escucharon hablar a Dios. Tampoco sé exactamente cómo fue. A veces me pregunto: cuando la Biblia dice que Abraham o Moisés escucharon a Dios… ¿escucharon a Dios?
¡No! Pará… no estoy negando que hayan escuchado a Dios. Pero ¿habrá sido siempre una voz audible? ¿No puede haber sido Dios hablándoles al corazón?
Tampoco esto me quita el sueño, pero lo tengo en la categoría de las cosas sobrenaturales y maravillosas que me hubiera encantado —y todavía me fascina— experimentar.
¿Te imaginás escuchar esa voz teatral, lírica, imponente, amorosa, firme, dulce, cariñosa y determinada que te da una dirección?
No sé por qué la imagino en tono grave. Pausado. También con un poco de reverb y algo de delay, je… Puede ser que esté contaminado por la imagen cinematográfica de un Dios que, en definitiva, ama relacionarse con nosotros, aunque nosotros a veces se la hagamos difícil.
¿En qué ocasiones Dios habló? ¡Infinitas! Y con cientos de razones diferentes. Dios habló…
- para dar un mensaje (Éxodo 3:4-10).
- para hacer un anuncio (Lucas 1:26-38).
- para advertir de un peligro (Génesis 6:13-22; Mateo 2:12).
- para señalar un error (2 Samuel 12:1-7).
- para anunciar juicio (Jonás 1:1-2; Jeremías 25:8-11).
- para decir que “el tiempo se termina” (Génesis 6:3; Apocalipsis 22:10-12).
- para corregir (Hebreos 12:5-6; Apocalipsis 3:19).
- para exaltar (Mateo 3:17; Mateo 17:5).
- para aprobar o expresar satisfacción (Mateo 3:17).
- para expresar su amor (Jeremías 31:3).
El Salmo 29 habla muy en detalle acerca de la voz de Dios. No, no dice en qué tono habla, ni si es bajo, barítono, tenor o contratenor. Pero sí describe el impacto que causa. Dice que…
- “resuena sobre el mar” (v. 3).
- lo hace “con fuerza” (v. 4).
- es “imponente” (v. 4).
- “desgaja los cedros” (v. 5).
- “hace temblar los montes” (v. 6).
- “lanza llamas de fuego” (v. 7).
- “hace temblar el desierto” (v. 8).
- “sacude las encinas y deja los bosques sin árboles” (v. 9).
¡Qué tremenda es la voz de Dios! Repito… ¿Te imaginás lo que debe ser que Dios te hable?
Cambia tu vida.
Modifica tu manera de pensar.
Reordena tus pasos.
Quita los obstáculos.
Te da entendimiento.
Dirige tu caminar.
Despeja los caminos.
Afirma tus metas.
Y hasta hace desaparecer a tus enemigos.
¿Te imaginás lo que sería si Dios te hablara…?
¡Ups! Mala mía…
La Biblia… es la Palabra de Dios… ¿no?
