Libertades

Soy un defensor nato de las libertades personales. Creo que nacimos para ser libres y muchas de las luchas sociales de la historia únicamente apuntaron a eso. Creo que Dios puso en nosotros, en todos y cada uno, ese llamado a la libertad y, como suelo decir, una capacidad de gobierno.

Se lo dijo claramente a Adán, y como padre de la humanidad, recibimos la misma instrucción: “¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la tierra! ¡Domínenla!…” (Génesis 1:28)

No puedo imaginar a una persona con autoridad y dominio pidiendo permiso para hacer o deshacer. Bueno, justamente hablando de hacer y deshacer, Jesús usa esa idea al hablar de la autoridad espiritual en la conexión tierra/cielo, iglesia/mundo, en las palabras que dijo a Pedro:

“Todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19)

Nos dio poder de hacer y deshacer, capacidad para tomar decisiones y más que capacidad… espera que las tomemos. Así parece decir Hebreos cuando habla de la madurez:

“El alimento sólido es para los que ya han alcanzado la madurez, para los que pueden discernir entre el bien y el mal, y han ejercitado su capacidad de tomar decisiones.” (Hebreos 5:14 RVC)

Es más… cada instrucción que apunta al renuevo y transformación está en modo imperativo:

Hagan
No hagan
Dejen
Renuévense
Despójense
Vístanse
Presenten su cuerpo…
etc…

(Romanos 12:1-2; Efesios 4:22-24; Colosenses 3:5-14; Santiago 1:22; Filipenses 2:12)

Jamás Dios dijo: “Sentate que te doy…”
sino que dice: “Hacé algo, por lo menos… pedí que te dé”
(Mateo 7:7-8; Santiago 1:5)

Por eso me molesta tanto el discurso religioso que incitaba a no prepararte, no estudiar, vivir en la iglesia y por eso mismo defiendo la postura de que la iglesia tiene un carácter formativo, para preparar a los cristianos de esta y la siguiente generación, para transformar la sociedad de esta y la siguiente generación.

Dios nos dio una capacidad que debemos usar
Dios nos dio una autoridad que debemos ejercer
Dios nos puso en una posición que debemos respetar

¡Me divierte tanto la escena de Moisés frente al mar Rojo! Creo que sería ideal para una sitcom…

Moisés: ¡Señor, líbranos de los egipcios!
Dios: ¡Qué me decís a mí! ¡Alzá tu vara y dividí el mar!

(Éxodo 14:15-16)

Depende de mí… para que dependa de Dios.

Por eso es que defiendo las libertades personales. Y toda libertad, parafraseando a Stan Lee en esa frase que ya le pertenece al universo: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, así te digo: “Ejercer tu libertad conlleva una gran responsabilidad”.

Por ejemplo, la de hacerte cargo de las consecuencias de tus decisiones y tu libertad.

Pero (siempre hay un pero) y justamente conectando con el hacerte cargo y las consecuencias, nuestra libertad tiene un límite. Para el derecho… “termina donde comienza la de los demás”. El gran legado de Rousseau. Para la ley del talión: “ojo por ojo… diente por diente”, que el refranero popular adapta a un “el que las hace las paga”, pero que también Salomón ya lo había dicho:

“Hacé todo lo que te venga en ganas… pero tené en cuenta que Dios juzga todas las cosas” (paráfrasis mía de Eclesiastés 11:9)

Y ese es el “pero” y el límite.

El sacerdote Esdras tenía a su cargo la administración de los recursos destinados a la restauración de Jerusalén y del templo. La corona persa había provisto generosamente para la obra y, al quedar recursos disponibles, el rey le dio libertad para decidir qué hacer con ellos, pero con una condición: hacerlo conforme a la voluntad de Dios.

“En cuanto al oro y la plata restantes, hagan tú y tus compañeros lo que les parezca mejor, conforme a la voluntad de Dios.” (Esdras 7:18 DHH)

¡Mirá qué interesante! “Hagan lo que les parezca mejor”. Hay libertad para decidir. Hay margen para elegir. Hay capacidad de administrar. Pero esa libertad no era absoluta: tenía un parámetro. “Conforme a la voluntad de Dios”.

Y ahí está el principio: Dios nos da libertad para decidir, pero nunca nos da libertad para decidir fuera de su voluntad.

Soy un defensor de las libertades personales. Tenemos capacidad de gobierno, también el derecho y la obligación de tomar decisiones. Somos dueños de nuestros actos… y de las consecuencias que nuestros actos tengan.

Todo lo que hagamos, dice Colosenses, debe ser hecho “como sirviendo a Dios” (Colosenses 3:23-24).

Las decisiones que tomemos y lo que hagamos con ellas… deben estar bajo la voluntad de Dios.

El tope es la Palabra de Dios.
El límite es su voluntad.

¿Qué acciones llevás a cabo según tu propio criterio y razón?
¿Cuáles de ellas están dentro y cuáles fuera de la voluntad de Dios?
¿Cómo te asegurás de moverte dentro de sus parámetros?

Dios nos dio derechos y libertades
Y con ellos una gran responsabilidad.

¡Hacé lo que quieras! “En todas ellas juzgará el Señor”.

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