Hace algunos años se arraigó una idea, sin mucho fundamento científico, de que los hombres tenemos un cerebro “compartimentado” y las mujeres, “integral”. Según esta idea, los hombres estamos limitados a hacer las cosas de a una por vez y las mujeres tienen la capacidad de ser multitasking, es decir, de hacer varias cosas al mismo tiempo.
Esto sirvió durante algún tiempo para dar charlas de matrimonios, pero no fue muy efectivo, porque no siempre era así. Según de qué lado lo mires, tanto hombres como mujeres se veían beneficiados con esta enseñanza, porque hacía que las mujeres se sintieran más capaces que los hombres y a los hombres nos “justificaba” de nuestra supuesta falta de atención.
Gracias a Dios y a los avances en la neurociencia, hoy sabemos que la cosa no es así. Existen hombres multitareas y mujeres enfocadas solo en una cosa por vez. No pasa tanto por el género, sino por las habilidades naturales de cada uno. Las diferencias psicológicas y neurológicas entre hombres y mujeres aplican en otros temas y no tanto en el enfoque y la atención.
La mujer está capacitada naturalmente para hacer varias cosas a la vez porque está preparada para ser madre, no porque sea mujer. (¡Haters a la una… dos… tres…!)
Y los hombres, en general, tenemos tendencia al enfoque solo por la mentalidad práctica —ahí sí hay grandes diferencias— que hace que obviemos u ocultemos lo demás cuando nos enfocamos en una cosa.
Por lo tanto, aunque en algunos círculos se siga enseñando lo de “compartimentado e integral” (como algunos siguen sosteniendo la teoría darwiniana de los monos), es posible, para todos, hacer más de una cosa a la vez.
¡Si me vieras todo lo que estoy haciendo en este momento!
¿Es bueno hacer dos cosas a la vez? ¿No es peligroso? ¿No es ser mediocre? Mi abuela decía siempre que “el que mucho abarca… poco aprieta”.
Pero si lo pensás fríamente, hacer varias cosas a la vez es mucho más habitual de lo que parece.
¿Manejás? ¿Cuántas cosas hacés al mismo tiempo?
Sí, ya sé que “manejar” es “una cosa”, pero esa “una cosa” tiene varias cosas al mismo tiempo:
– Tenés que prestar atención a lo que está adelante.
– Tenés que usar ambos pies y, a veces, ambas manos.
– Tenés que mirar a los costados.
– Tenés que mirar hacia atrás.
– Tenés que mirar a los demás autos.
– Tenés que estar atento a los dormidos que cruzan sin mirar.
– Tenés que observar las señales y los semáforos.
– Tenés que procurar evitar las cámaras y las fotomultas.
Y, como si fuera poco…
¡Tenés que conversar con el de al lado o de atrás, escuchar las peleas de los chicos y agarrar el mate que te da el acompañante!
Manejar es tarea de pulpo…
Algo así es la tarea que Nehemías le dio a la gente a su cargo. Ellos tenían una tarea muy importante en sus manos. Más adelante, él mismo la calificó de “una gran obra” (Nehemías 6:3); por lo tanto, todas sus fuerzas y su enfoque debían estar puestos en eso.
Pero también tenían una fuerte oposición.
Es un principio espiritual, tomá nota de esto: cada vez que quieras levantarte, cada vez que encares una restauración, cada vez que busques subir de nivel, emprender o progresar, se va a levantar oposición.
¿Qué hacer entonces? ¿Levantar paredes o cavar trincheras? ¿Edificar o defenderse?
Hay veces en que no hay muchas opciones. Ambas cosas eran urgentes, importantes y necesarias. Ninguna se podía obviar o postergar. Así que…
“Los cargadores seguían llevando cargas, pero con una mano trabajaban y con la otra sujetaban el arma” (Nehemías 4:17, DHH).
Sí, a veces hay que hacer dos o más cosas a la vez.
Como levantarse y avanzar.
O avanzar y pelear.
O mirar al frente y adelante, sin dejar de ver a quien tenés al lado.
Ocuparte de lo de hoy sin descuidar lo de mañana.
Prepararte para mañana sin desatender lo de hoy.
¿Trabajo o estudio?
Las dos cosas.
¿Entonces no congrego?
Hacé las tres.
¿Y mi tiempo con Dios?
Hacé las cuatro.
¿Y mis obligaciones con mi familia?
Hacé las cinco.
Entonces me olvido de un ministerio, es mucho…
Hacé las seis.
¿Sigo?
No importa que seas hombre o mujer, que tengas muchas o pocas habilidades, que desarrolles pocos o muchos dones, que tengas demasiadas o ninguna obligación.
Si Dios te lo puso por delante… vos podés.
“Andá con tus fuerzas, las que tenés; no necesitás más” (paráfrasis de Jueces 6:14).
