Nehemías 6:1-2
Lo voy a decir una vez más: los detalles son importantes. A veces no les damos la importancia que tienen ni les prestamos demasiada atención. Entiendo que es una cuestión cultural. Como argentinos, tenemos una tendencia marcada hacia la informalidad y a ignorar o minimizar los protocolos.
No estoy para nada en desacuerdo. Prefiero la informalidad antes que el protocolo. Dicen que me caracterizo por eso. Puedo ser todo lo protocolar y diplomático que sea necesario, pero me siento mucho más cómodo siendo «yo».
Incluso al predicar o al escribir, sé que hay quienes les desagradan mis formas, pero no me siento a gusto hablando (o escribiendo) en “neutro”. Soy argentino y no lo voy a esconder. Y cuando predico, no estoy dando una clase de seminario ni un máster de teología; estoy conversando acerca de lo que Dios tiene para vos y para mí por medio de su Palabra.
¡Por eso hay muchas iglesias! Dios tiene un formato acorde al gusto y sentir de cada uno. Si estás con nosotros… si Dios te habla… este es tu lugar. Y si no…
Pero no estaba hablando de eso, sino de los detalles. A veces, por querer ser tan modernos o informales justamente, perdemos detalles que son importantes y necesarios.
¿No te gusta usar corbata? A mí sí, pero me cansé. No uso. Pero a veces es necesario vestirse de determinada manera.
¿Jogging, sport o traje? Vivo en ropa deportiva… pero a veces hay que estar “de vestir”.
¿Zapatillas o zapatos? ¿Camisa o remera? Vivo en remera y zapatillas… pero no podría predicar vestido así.
¡¿Acaso los zapatos son más santos que las zapatillas?! No, para nada. Pero no podría. Llamame antiguo. Es cultural. No puedo.
¿Entonces está mal cuando un predicador está en remera y zapatillas? No, al contrario, me encanta verlos. Admiro la informalidad elegante para compartir la Palabra de Dios. Es cosa mía. Yo no puedo.
Los detalles son importantes.
Olvidaste pagar el seguro de tu auto. —¡Después lo hago! —se te escucha decir. Chocaste. ¿Te cubre el seguro?
Bajaste a comprar al kiosco por un minuto. Dejaste al nene dentro del auto para que se quede tranquilo. Te roban el auto, con el nene adentro. —¡Pero fue un minuto!
¡Ah! Al menos aprendiste y pagaste el seguro…
Fuiste hasta la esquina. ¿Qué pasa que la nena tarda tanto? Cruzada de brazos, abrigándote con una camperita, buscás verla venir caminando. Pero dejaste la puerta de tu casa abierta…
Te doy dos opciones, elegí:
- El viento cerró la puerta y te quedaste afuera.
- Entraron ladrones y te llevaron la tele.
Detalles… los detalles son importantes.
Uno que no le dio importancia a las puertas fue Nehemías. ¡Qué tipazo! La verdad que lo admiro. Tantas veces Dios me enseñó y ministró con su historia. Un ejemplo de dedicación, disposición, renunciamiento, entrega y liderazgo.
Pero no cuidaba los detalles…
Dirigió el trabajo de restauración de las murallas de Jerusalén. Un éxito.
Enfrentó a sus enemigos y los “mató con la indiferencia”. Un genio determinado.
Terminó el trabajo de reconstrucción… ¡en menos de 52 días! La envidia de cualquier municipio…
Pero no puso las puertas. No era tan importante…
“Cuando Sambalat, Tobías, Guésem el árabe y los demás enemigos nuestros supieron que yo había reconstruido la muralla sin dejar en ella ninguna brecha (aunque me faltaba todavía colocar las puertas en su sitio), me enviaron un mensaje … para que nos reuniéramos … Pero lo que tramaban era hacerme daño”. (Nehemías 6:1-2)
Los detalles son importantes.
El trabajo no está terminado hasta que se termina. Como decía anoche: obediencia a medias no es obediencia.
Las murallas debían proteger a la ciudad de entradas no deseadas. Las murallas impedían el paso de los enemigos. ¿Para qué sirve una muralla con aberturas sin puertas? Es una invitación a entrar.
Y eso podía pasar. Una ciudad con una muralla terminada, pero sin puertas, seguía siendo vulnerable. Todo el esfuerzo realizado podía quedar expuesto por un detalle que todavía faltaba.
Los detalles son importantes.
Las puertas deben estar colocadas… y cerradas. Cuando dejás puertas abiertas, estás invitando a cualquiera a que se meta en tu vida y con tu vida. Les estás diciendo: «Entrá, llevate lo que quieras».
Pero no es solo cuestión de puertas. Es cuestión de estar atentos, de prestar atención… y de cuidar los detalles.
¿Qué puertas dejaste abiertas?
¿Qué trabajo no terminaste?
¿Qué tarea dejaste a medias?
¿Qué detalles dejaste pasar… o descuidaste?
Los detalles…
¡Los detalles son importantes!
