Anoche estaba mirando una escena muy fuerte de una serie que, te vas a reír, en casa todos dicen que yo ya vi y yo no recuerdo haber visto. En esta serie —y en esta escena— Zoe Saldaña hace de una agente de operaciones especiales de los Marines o del ejército estadounidense, que está entrenando a un nuevo “soldado” para un operativo de infiltración como agente encubierto.
El punto es que el entrenamiento consistía en tortura. Tortura que buscaba lograr el “quiebre” de este soldado: que reconozca su identidad y delate su operativo.
Vos decís… ¿es necesario?
Y sí. Era necesario.
Identificar el punto de quiebre te permite saber hasta dónde podés soportar y eso, a la vez, te permite tomar decisiones que pueden salvar vidas… o tu propia vida.
Hay mucho de crueldad en medio, lo sé, pero salvando las distancias, así es como obra Dios con “las pruebas de la fe”.
Cuando Pedro dice que nuestra fe es probada como el oro que pasa por fuego (1 Pedro 1:6-7), no es porque Dios necesite descubrir hasta dónde podemos soportar. Él ya nos conoce.
Pero nosotros sí necesitamos descubrir hasta dónde podemos llegar, cuánto podemos soportar y, sobre todo, cómo funciona nuestra fe cuando es puesta bajo presión.
La prueba revela cosas de nosotros que en la comodidad no podemos ver. Nos muestra dónde están nuestras fortalezas, dónde están nuestras debilidades, qué tan firme es nuestra confianza en Dios y qué necesitamos trabajar todavía.
En definitiva, la prueba entrena nuestra fe.
Obviamente, el soldado entrenado no estaba para nada de acuerdo con el “tortuentrenamiento”, del mismo modo que un hijo no disfruta la disciplina de sus padres o que a nosotros nos cuesta aceptar la corrección del Señor.
Pero, como Zoe Saldaña… es para nuestro beneficio, para resguardar nuestra integridad, para prepararnos y, en definitiva, para preservar nuestra vida.
A veces nos cuesta entender que, en realidad, nada de lo que Dios hace por nosotros resulta en un beneficio para Él.
A veces podemos tener algún arranque arrogante de creer que, como dijo el salmista, “los muertos no alaban al Señor” (Salmo 115:17) y, por lo tanto, a Dios le conviene mantenernos seguros y con vida.
O como en los 90 se decía, con más necedad que arrogancia, que debíamos “reclamarle a Dios”, ya que Él está atado por su Palabra.
¡Burros! Como dijo Job: “…¿quién puede dar lecciones a Dios, que juzga aun a los habitantes del cielo?” (Job 21:22, DHH)
Rescaté algo importante de la conversación de Job con uno de sus “mejor perderlo que encontrarlo”: Elifaz. Este le dice, queriendo confrontarlo y corregirlo:
“¿Qué interés o beneficio obtiene el Todopoderoso de que tú seas recto e intachable?” (Job 22:3, DHH)
Y la pregunta es tremenda:
¿En qué se beneficia Dios de que crezcas espiritualmente?
¿En qué se beneficia Dios de que tengas temor de Él?
¿En qué se beneficia Dios de que vivas en santidad?
¿En qué se beneficia Dios de que procures agradarlo?
¿En qué se beneficia Dios de tus ofrendas y diezmos?
¿En qué se beneficia Dios de tu servicio?
¿En qué se beneficia Dios de tus renunciamientos y entrega?
En nada… absolutamente en nada.
Pero vos sí te beneficiás.
Pero yo sí salgo beneficiado.
Dios no necesita que yo sea santo para que Él pueda ser Dios. Necesito ser santo porque necesito parecerme a Él.
Dios no necesita mis ofrendas para sostenerse. Yo necesito aprender a desprenderme para no terminar siendo esclavo de lo que tengo.
Dios no necesita mi servicio. Yo necesito servir para que mi fe deje de ser solamente una declaración y se transforme en una vida.
Dios no necesita mi obediencia. Yo necesito obedecer porque su voluntad es buena para mí.
Dios no necesita la prueba para descubrir quién soy. Yo necesito la prueba para descubrir cómo funciona mi fe, cuánto puedo soportar y qué necesita ser transformado en mí.
Por eso:
No abandones el entrenamiento.
No rechaces la disciplina.
No huyas de las pruebas.
Dios está revelando y está formando a Cristo en vos.
Está fortaleciendo tu fe.
Está formando tu carácter.
Está corrigiendo tus caminos.
Está enseñándote a depender de Él…
Dios no está simplemente haciendo de vos una mejor versión de vos mismo. Está formando a Cristo en vos.
