Acceso Habilitado

Si hay algo que me fascina de la Palabra de Dios es su constante actualización.

Jajaja… no. Tranquilo. No digo que la Biblia cambie, se modernice o se adapte, sino que tiene esa habilidad de siempre parecer nueva, de todos los días enseñarte algo, de no convertirse en un viejo libro de religión o tradiciones obsoletas.

Tal vez sea culpa de —o gracias a…— la versión bíblica que estoy leyendo este año. Tengo esa manía de no quedarme solo con una, sino de variar permanentemente, y leyendo Job en la vieja DHH (Dios Habla Hoy), encuentro nuevas “revelaciones” que me sorprenden día a día.

Sí, ya sé (nota para teólogos y exégetas o simplemente para religiosos legalistas recalcitrantes): no existen nuevas revelaciones, hubo una sola; pero uso esa expresión porque, para la gente común (como yo), resulta más entendible que “iluminación”.

Como sea, me estoy dando cuenta de que el libro de Job es un contraste entre la vida antes y después de Cristo y entre el legalismo y la gracia.

No quiero ser pesado ni convertir esto en una tesis teológica —se me está escapando—, pero los capítulos sobre la conversación entre Job y sus “amigos”, siempre dejados un poco de lado, llenos de errores doctrinales y teológicos, responsables de muchas doctrinas desviadas… en realidad tienen una gran riqueza espiritual.

¡Es que las respuestas de Job son dignas de un stand up, de las lenguas ácidas de un periodista de chismes del espectáculo o de la de Juan el Bautista!

Hace un par de días leía sobre el anhelo de Job de poder tener un intercesor para hablar con Dios. ¡Qué poco valoramos lo que tenemos! ¡Cuánto tenemos que no merecemos, pero que la gracia nos otorgó!

Él no tenía cómo, vos y yo sí.
Él no era “pueblo”, vos y yo sí.
Él no tenía acceso, vos y yo… ¡sí!

Porque justamente de eso se trata. Antes no podíamos y ahora sí. Job no podía, vos y yo… ¡sí!

Te repito: él no tenía acceso, vos y yo sí. Él no sabía cómo hablar con Dios, vos y yo sí. Él no sabía cómo ni dónde encontrar a Dios…

“¡Ojalá supiera yo dónde encontrarlo, y cómo llegar a donde vive!” (Job 23:3, DHH)

Pero sí. Vos y yo sabemos cómo llegar a Él.

“…¿cómo podemos saber el camino? Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí.” (Juan 14:5-6)

Dejemos la teología y vamos a lo que a vos te importa:

  1. Seguir a Jesús es llevar tu vida a un nivel sobrenatural.
  2. Delante tuyo hay una puerta abierta y una conexión siempre lista para hablar con Dios.
  3. No necesitás intermediarios ni gestores.
  4. No se requieren títulos o rangos especiales.

Hay cosas que Job nunca pudo disfrutar, ni llegar a conocer. Sí, ¡qué poco valoramos el haber sido justificados solo por la fe!

No mires tu condición.
No escuches a tu fracaso.
No des lugar a tus miserias.
No recibas acusaciones.

“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.” (Hebreos 4:16)

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