A su tiempo

Anoche me hicieron una pregunta muy interesante. Según cómo lo veas o cómo lo pienses, es una pregunta casi tonta o sumamente profunda. No le estoy quitando importancia, ni a la pregunta ni a quien preguntó. Todo lo contrario…

Creo que no hay mejor cosa para el crecimiento que preguntar. Hay estigmas que nos hacen creer que preguntar es de tontos. Yo creo que es al revés: preguntar es de sabios. ¿Acaso vos naciste sabiendo?

La pregunta tenía que ver con el principio de siembra y cosecha. Siempre lo digo, tal vez canso con eso, que en el reino de los cielos todo gira alrededor de la siembra y la cosecha. El problema que tenemos, como humanos, es la frustración: frustración por tener que sembrar, frustración por lo que cosechamos, frustración por el tiempo que esa cosecha tarda o, tal vez, porque no llega.

Inmediatamente, eso me hizo pensar en la famosa reflexión y metáfora cristiana sobre la caña de bambú, esa que pasa mucho tiempo sin asomar de la tierra, pero que, de pronto, en pocos días tal vez, alcanza una altura impensable. Como se dice: «La procesión va por dentro»; el proceso no siempre es visible.

Creo que son más representativos los casos de la vid o la nuez. Si bien son dos árboles totalmente diferentes, con frutos totalmente diferentes, el proceso de fructificación es similar. En ambos casos, tienen que pasar hasta dos o tres años para dar los primeros frutos. ¿Y todo el tiempo, esfuerzo, abono y nutrientes invertidos? Lo vas a recibir, multiplicado, con creces, pero en el momento apropiado.

Ya lo dijo el sabio Salomón: «Todo tiene su tiempo» (Eclesiastés 3). No siempre es agradable. Mucho peor en épocas de crisis constantes de ansiedad. Pero las cosas tienen sus propios procesos naturales y no todos pueden acelerarse.

Algunos, sí. En los últimos cien años hemos visto avances tecnológicos muy productivos en el sector agrícola. Hoy tenemos semillas, por ejemplo, que se cosechan tres veces al año, cuando antiguamente solo se obtenía una cosecha anual.

Por naturaleza, un pollo tardaba unos seis meses en desarrollarse; hoy, en dos meses, ya puede estar embalado en el mercado para consumo.

Pero la germinación de la semilla y el tiempo de maduración del huevo no se pueden apurar.

Todo tiene su tiempo. Todo tiene su proceso. Algunas plantas crecen más rápido que otras; algunas especies tienen mayor tiempo de gestación, pero todo tiene su tiempo específico y apropiado.

Pablo no estaba hablando de economía agropecuaria, pero, como el principio de siembra es transversal al evangelio, él dice:

«Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos». (Gálatas 6:9)

«A su debido tiempo». No antes. No después. No cuando vos quieras. No bajo presión. No forzado.
En el momento apropiado.

¿Sembraste? ¿Diste tiempo, atención, amor, contención, servicio… dinero?

¿No tuviste respuesta? ¿No germinó la semilla? ¿No empezaste a cosechar?

No dejes de dar. Jesús dijo que «es más bienaventurado dar que recibir» (Hechos 20:35). Y no apures el proceso. Bancá. Esperá. No desesperes. No te apures…

«A su tiempo… cosecharás».

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