Alquimias Espirituales

Una de las fantasías que más ha trascendido tiempos y culturas es la capacidad sobrenatural que tendrían brujos y hechiceros de convertir una cosa en otra. Las viejas historias de hadas, duendes, princesas y reinos nos cuentan, en más de una ocasión, acerca de algún rey, o príncipe, o simple mortal convertido en sapo.

Ese es solo un ejemplo de la vasta literatura al respecto y de la imaginación popular. Si nos vamos un poco más atrás, quien osara mirar a Medusa terminaba convertido en piedra, o el rey Midas que casi muere de hambre porque, literalmente, todo lo que tocaba se convertía en oro.

Hablando de oro, la alquimia se enfocaba en alcanzar tres metas fundamentales:

  1. El elixir de la vida: para alcanzar la inmortalidad.
  2. La panacea: el remedio mágico para curar todas las enfermedades.
  3. La piedra filosofal: el elemento «mágico» capaz de convertir, por ejemplo, el plomo en oro.

¡Qué fijación que tiene el hombre con el oro! Bueno, tenía; hoy es con el dólar.

Increíblemente, hoy existe, no una piedra mágica, pero sí un artefacto llamado «acelerador de partículas» que tiene la capacidad de convertir un elemento en otro. El único problema que presenta es que, para convertir plomo en oro, el costo del proceso es mayor que el valor del oro resultante… así que, aunque existe, no es viable.

Más allá de las ambiciones personales y los sueños sobrenaturales, hay quien tiene la capacidad de convertir una cosa en otra. Lo más maravilloso es que no lo hace buscando un beneficio, ni por reconocimiento o fama personal, tampoco para ganar seguidores, muy de moda en estos tiempos, sino solamente por amor.

De la ciencia y la seudociencia pasamos al romance…

Esta mañana estaba leyendo a Isaías, ya desde ayer en la segunda parte de su ministerio profético, y quedé impactado con 43:20:

«Me honrarán los animales salvajes, los chacales y los avestruces, porque hago brotar agua en el desierto, ríos en la tierra estéril, para dar de beber a mi pueblo elegido» (Isaías 43:20 DHH).

Obviamente, no es solo porque sí; no es simplemente por arrogancia natural. No es solamente para mostrar su poder. Jesús le dijo a Mr. Cucaracha Diablo: «No tentarás al Señor tu Dios» (Mateo 4:7), cuando este lo provocaba apelando al orgullo humano, sin darse cuenta, pobre diablo, de que Jesús era humano, sí, pero era Dios.

El único híbrido interestelar que no solo fusionó dos realidades diferentes, sino que hizo de ambas una sola persona, permaneciendo plenamente Dios y plenamente hombre al mismo tiempo.

Más que un semidiós, al estilo de Hércules, Perseo, Gilgamesh o Thor… un Dios completo, plenamente Dios y plenamente hombre. No tres partes de Dios, al 100% cada una, en una sola esencia; siendo no tres dioses, sino un solo Dios. No te vuelvas loco: no vas a poder racionalizar la Trinidad.

En el desierto no hay agua, pero Dios la hizo fluir.

La tierra estéril no recibe agua y por eso lo es, pero Dios saca ríos de esa tierra.

Y todo para que su pueblo tenga agua para tomar.

La razón no suele ir de la mano de la fe, pero la razón cede ante las evidencias. Hay muchas cosas que no deberían ser, pero Dios hace que sean. Como vos mismo: ¿te pusiste a pensar en todo lo que Dios te dio y que no merecías?

Así, sea cual sea tu sequía o tu desierto…
Así, donde tengas escasez…
Así, donde haya vacío o falta de sentido…

Dios va a convertir una vez más lo muerto en vivo.

¿No es este el Dios de quien dijo Pablo que «llama las cosas que no son como si fueran»? (Romanos 4:17).

¿No es este el Dios del que se dice que «lo que se ve fue hecho de lo que no se veía»? (Hebreos 11:3).

Así también, porque «para muestra basta un botón», así va a hacer en tu desesperanza o tu necesidad.

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