De Hornos y Procesos…

¡Pare de sufrir! Anunciaba esa conocida cadena de hipermercado de fantasías, conocida para algunos como «la Universal» y, para los más serios, como la IURD. Un excelente emprendimiento comercial amparado en la política del win-win, donde ambas partes de la transacción resultan beneficiadas… o ganadoras.

Muchos, muchísimos fueron captados, y realmente muchos también fueron bendecidos. Hay algo innegable: la mano de Dios no está atada a quienes la «usan», sino que tiene autonomía propia. Dios obra por su voluntad y por la fe del que lo busca y le cree. Muchos han sido bendecidos y aún prosperados.

Pero el mensaje del evangelio no se reduce tan simplemente a un «pare de sufrir». Sí, las buenas noticias que anuncian salvación también anuncian un cambio de vida. Es el camino a la bendición y a la plenitud, y la obra de la cruz impacta en «todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo».

Pero hay un camino que recorrer antes del «pare de sufrir».

No te asustes, no cambié ni tomé nada raro que me haya provocado amnesia o algún desvío mental. Sigo creyendo y proclamando que en Cristo «se puede vivir de otra manera»… pero no evitemos, no ignoremos, no minimicemos los procesos.

Claro, cuando uno mira la meta, como Moisés miraba «el galardón», el camino se hace más llevadero y no le prestamos demasiada atención. Si tengo que viajar para encontrarme con un ser querido y, para eso, tengo que usar un camino de tierra, desnivelado y con baches, no le pongo el foco al problema ni dejo de seguir viaje hacia mi destino.

Obviamente, si voy mirando cada pequeño obstáculo, solamente retraso la llegada, si es que no cancelo el viaje.

El evangelio es nueva vida y buena vida. Jesús dijo: «he venido a darles vida y una vida en abundancia» (Juan 10:10). Pero no te olvides de Pedro cuando dijo: «después de que hayan ¡padecido! un poco de tiempo» (1 Pedro 5:10). Esos «padecimientos» son parte del proceso que, en definitiva, nos allana el camino —sí, lo allana— para llegar a la meta.

¿Podemos alcanzar la promesa cargando con valijas de nuestra propia humanidad?
¿Podía el camello atravesar la puerta de la aguja sin soltar las alforjas?
¿Pudo el joven rico entrar al reino de los cielos cargando con sus preocupaciones y estrés?

Los procesos aligeran y allanan el camino para alcanzar la plenitud y la bendición de la promesa de Dios —o la promesa de la bendición—.

Desde el día en que conocí a Cristo, entré en una espiral de procesos. Durante muchos, muchos años, mi línea de predicación giraba alrededor de los procesos y las pruebas. Por muchos años, aun en profecía, el Señor me reflejaba en José o en Job. Sí, algunos se sorprenden por cómo recito largos textos bíblicos que hablan de eso…

En estos últimos años veo con horror cómo la sociedad —marxismo cultural y progresismo por delante— se va ablandando y haciendo menos resistente a los problemas y las crisis. Veo con mucha preocupación cómo aumentan los niveles de ansiedad, más que nada en adolescentes y jóvenes, y cómo se sigue «fortaleciendo» —oxímoron— la «generación de cristal», aunque a muchos no les guste que lo mencione.

¿Qué pasará en los próximos veinte años cuando esta generación se enfrente a crisis complejas?
¿Cómo manejarán los desencuentros matrimoniales?
¿Cómo responderán a los despidos laborales injustificados o a las presiones en el mismo trabajo?

Toda una generación que ni siquiera sabe de manejo de frustración es el caldo de cultivo para una sociedad manejable y manipulable. No importa, no me creas. Cuando eso esté en funcionamiento, yo ya no voy a estar y lo van a sufrir los demás…

Otra cosa es innegable: lo único que saca a relucir el potencial es la presión.

Muchos deportistas que alcanzaron la fama no habrían existido siquiera si no hubieran estado bajo regímenes que hoy llamarían extorsivos y opresivos.

La exageración al límite del abuso de los derechos humanos —explico: abuso de la bandera de los derechos humanos— va a provocar una total ausencia de esos derechos.

Dice Isaías:

«Yo te purifiqué, pero no como se hace con la plata, sino que te probé en el horno del sufrimiento». (Isaías 48:10 DHH)

No le escapes a las pruebas.
No te asustes por las presiones.
No evites el esfuerzo.

Hasta el grano de trigo tiene que morir para que su potencial se active y deje de ser un simple «grano» para convertirse en harina o hacerse pan…

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