Pero…

Siempre menciono a Dios como un Dios de principios. También, Dios de pactos —que no se enoje Marcos—. Por supuesto que es “el Dios de lo imposible”, una forma de definir a El Shadday, con su amplísimo abanico de interpretaciones.

Pero nunca se me ocurrió referirme a Él como el Dios del pero.

Dios es el Dios del pero.

Hace unos días escribí acerca de cómo Dios cambia las circunstancias, cómo cambia las condiciones, cómo llama a las cosas que no son como si fueran (Romanos 4:17)

Ese Dios que cambia las circunstancias es el Dios del pero. El que no se fija en detalles que solamente los hombres ven. El que no analiza las cosas con criterios meramente humanos.

Es el que no se fija en tu condición, sino en el propósito que Él tiene con vos y en la sangre que te limpió.

Aquel día escribí sobre la caña quebrada y sobre la vela que todavía está humeando, que Dios —el Mesías, en ese caso— no iba a apagar ni a romper (Isaías 42:3)

Hoy estoy leyendo en Isaías cómo este Dios, cómo este Dios del pero, restaurará las ruinas antiguas (61:4).

Ojo, atención: restaurar las ruinas antiguas no significa que aquellas cosas que ya “no van” empiecen otra vez a funcionar. Tampoco significa volver a las cosas o a las costumbres del pasado. No significa resucitar al hombre muerto, que debe quedar bien muerto, porque en Cristo sos una nueva creación (2 Corintios 5:17)

Restaurar las ruinas antiguas significa que aquellas cosas que vos ya considerabas perdidas, aquellas promesas que tal vez no llegaron y creíste que nunca ibas a alcanzar, aquellas palabras que un día Dios te habló y llegaste a pensar que fueron producto de tu imaginación, todo eso recobra nuevamente su posición.

Se activa nuevamente, vuelve a funcionar y empieza otra vez el tiempo de descuento: el cronómetro hasta que empiecen a suceder.

Ese es el Dios del pero.

El que, aunque todo a tu alrededor sea muerte, dolor, angustia u oscuridad, cuando todo está mal, a vos te dice que te irá bien (Isaías 3:10).

Es el Dios del pero. El que dice que no mires al pasado, sino a las cosas nuevas que están por venir. El que te dice: “No traigas a la memoria las cosas antiguas”, porque ya está haciendo algo nuevo; ya está en acción, ya está en actividad una cosa nueva (Isaias 43:18).

Es el Dios del pero que, aunque todos te digan “fracasado”, Él te dice: “Nueva oportunidad”.
Cuando todos te digan “perdido”, Él te dice: “Yo te encontré”.
Cuando todos te digan que ya no se espera nada de vos, Él nuevamente pone en tus manos una gracia, un talento, un don.

Gramaticalmente, “pero” es una conjunción adversativa que introduce una oposición o un cambio respecto de lo que se acaba de afirmar.

Está lloviendo, pero va a parar.
No llueve, pero va a empezar.

El pero cambia la circunstancia. Cambia las condiciones.

Y el pero tiene mucho que ver con el punto de vista. Tiene mucho que ver con la manera en que vos quieras mirar las cosas y, fundamentalmente, con a quién le estés prestando atención.

Hablamos mucho en estas últimas semanas acerca de los pensamientos y de la manera en que miramos las cosas. Creo que lo más fácil es detenernos a mirar quién es el que habla.

“La oscuridad cubre la tierra, la noche envuelve a las naciones, pero el Señor brillará sobre ti y sobre ti aparecerá su gloria.” (Isaías 60:2 DHH)

Este que habla es Dios.

El que te dice que, aunque todo esté terminado alrededor, Él actúa.

Aunque ya no haya salida.
Aunque ya no encuentres camino.
Aunque ya no tengas la respuesta.

Pero sobre vos va a aparecer su gloria, porque Él va a brillar sobre vos.

Por supuesto que todo tiene un condicional. Y el condicional es, sencillamente: volvete al Señor.

Por eso es tan importante, tan fundamental, que no mires tu condición, que no mires tu pasado, que no escuches a los profetas del fracaso, sino que prestes atención a Aquel que te dice:

“Levántate, resplandece.” (Isaias 60:1)

¿Qué estás mirando?
¿A quién estás escuchando?
¿En quién estás poniendo tus ojos?
¿A quién le estás entregando tus oídos?

Hay un “pero” que tiene excusas para todo.

“Pero no puedo.”
“Pero ya pasó.”
“Pero yo fracasé.”
“Pero ya es demasiado tarde.”
“Pero esto no tiene solución.”

Pero yo te digo: dejate de embromar y escuchá lo que el Señor te está diciendo hoy.

Porque quizás vos estés mirando la oscuridad.
Quizás estés mirando las ruinas.
Quizás estés mirando lo que se perdió.

Pero Dios está mirando lo que todavía va a hacer en vos y con vos.

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