A lo largo de los milenios, y atravesando lugares y culturas, la imagen que el ser humano tuvo, tenía y tiene de Dios ha ido mutando. Por los registros que existen, siempre el hombre buscó relacionarse con un dios, aunque no supiera si existía, aun sin saber cómo hacerlo.
La antropología y hoy la psicología dicen que todo aquello que el ser humano desconoce y, por lo tanto, teme, es mejor considerarlo un dios al cual poder agradar, si es que se pudiera hacerlo.
Se ha considerado «un dios» a los cuerpos celestes, a los astros y estrellas. Se ha considerado un dios a los mares, a la lluvia, a la tormenta. Se ha considerado un dios a las montañas, a la noche, a la mañana. Se ha considerado un dios a la tierra misma, a algún animal… a la oscuridad.
Nos acostumbramos, desde los tótems aborígenes hasta los grandes templos de la cultura griega, pasando por las hipercatedrales o los sacrificios mayas y toltecas, a la idea de que Dios es distante, que le desagrada la gente, que está molesto, enojado y furioso. ¿Cuántas veces habrán pensado que una erupción volcánica era la ira de Vulcano o Hefesto?
Por lo tanto, era necesario calmar a ese o esos dioses.
Si lo pensás un minuto… ¡Qué digo un minuto! Si lo pensás cinco segundos, te darías cuenta de la ridiculez de ese pensamiento.
Si Dios es tan distante y está tan enojado con la humanidad:
¿Cómo puede una ínfima ofrenda o sacrificio hecho por esta detestable humanidad calmar su ira?
¿Algo tan pequeño e insignificante, algo tan despreciable, puede saciar el enojo de tal Dios?
Del mismo modo pregunto: si Dios es tan distante y está tan enojado con la humanidad, ¿por qué no la consumió? Y si no lo hizo, ¿dónde radica el temor?
Un montón de ideas gestadas en base a la ignorancia y alimentadas por el temor, pero que no tienen un sustento real.
Llegamos a la era del conocimiento y la razón, pasamos la Revolución Industrial, ya sabemos cómo funciona el universo, y los volcanes, y la salida del sol… y ya sabemos que ¡no son un dios! Pero la idea de la ira te quedó.
La religión tradicional desarrolló una doctrina basada en vaya uno a saber qué, o en qué resentimiento de cuál monje medieval, donde Jesús está dolido y Dios Padre enojado con la humanidad por haberlo ¡obligado! a entregar a su Hijo en sacrificio. Por eso es necesario ir por izquierda a la mamá… para que ella lo calme.
Necesitamos, dicen, una intercesora para que Jesús entonces nos escuche y Dios responda nuestras peticiones.
¿Fundamento? ¡Y qué sé yo!
Llegamos a Cristo, conocemos el evangelio, empezamos a experimentar lo que es la gracia y la misericordia. Entendemos que la diferencia de la Iglesia protestante fue que un día un cura se dio cuenta de que el Dios que a él le presentaban tan enojado, tan molesto, y al que se le debía pagar para que las almas pudieran llegar al cielo, no era así, sino que él detectó que la Biblia dice: «El justo vivirá por la fe». (Romanos 1:17)
Leemos el libro de Job y le creemos más a los amigos de Job que a la gracia y la misericordia que estamos aprendiendo. Llegamos a los Gálatas y casi, casi que estamos de acuerdo con que hay que cumplir requisitos, poner normas, y que no es solamente creer en Jesús.
Leemos acerca de los milagros de Jesús y nos detenemos en aquel ciego de nacimiento, y casi que estamos de acuerdo en que: «Y sí, algo habrán hecho él o sus padres para que haya nacido ciego». Sin embargo, los discípulos fueron quienes hicieron esa pregunta, y Jesús respondió de manera contundente: «Ni este pecó ni sus padres». (Juan 9:2-3)
¡Qué difícil es entender, y cuánto más aceptar, la doctrina de la gracia! Escribí eso hace unas semanas atrás…
Todo eso debido a que creemos que tenemos que hacer. Es necesario pagar, tenemos que esforzarnos en algo físicamente, nos tiene que costar.
Pero Efesios sigue diciendo que la salvación no es por obras, es solamente por gracia, por eso que no te merecés. Y si no te lo merecés, no podés hacer nada para merecerlo, ni podés hacer nada para dejar de merecerlo.
Dice Isaías 64:4:
«Jamás se ha escuchado ni se ha visto que haya otro dios fuera de ti que haga tales cosas en favor de los que en él confían». (DHH)
Dice Benjamín Rivera que “Dios es así: Él te ama hasta el final”. Algo que ya dijo Jeremías: «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia». (Jeremías 31:3)
¿Sabés qué es eterno? Eterno es algo que no tiene principio, pero que tampoco tiene final. Con amor eterno te ha amado y prolongó sobre vos su misericordia.
No te comas el verso —diría Mostaza hablando de McDonald’s—. No te comas el verso de la religión tradicional, ni del legalismo, ni los fariseos, ni los profetas del fracaso. De ninguna manera podés pagar lo que Dios hizo, ni podés pagarle tampoco para que haga algo más.
Todo es por gracia.
Tenemos un Dios especial, un Dios exclusivo, un Dios que, sin necesitar hacer nada por vos y por mí, decide hacerlo por vos y por mí. Un Dios que podría crear una nueva raza, podría hacer una nueva creación, pero andá a saber por qué, decidió quedarse con vos y conmigo.
Estamos cumpliendo 15 años como iglesia. No podemos decir otra cosa mas que Dios fue, es y seguirá siendo fiel…. y exclusivo.
Ya no busques más excusas. Ni busques más culpables, ni te creas que sos tan malo e inservible.
Acercate a Dios, justamente al trono de la gracia, para encontrar ahí gracia y misericordia para cuando necesites ser socorrido. (Hebreos 4:16)
No sé cómo hará otro dios, pero hay un solo Dios: el que te ama con amor eterno…
