Coherentes

Soy un tipo sencillo. Sí, soy consciente de que muchos creen lo contrario. Soy un “pibe de barrio”, criado y formado en el conurbano, con las carencias y vivencias de tantos millones como yo. No pasé necesidades (hasta que conocí al Señor —no te asustes—) y tampoco viví en una familia pudiente.

Mis viejos laburaron siempre. Pasaron las crisis del Rodrigazo (1975), del golpe del 76 y de Martínez de Hoz. Tuvimos muchos años negocio en mi casa y hubo épocas en las que no alcanzaba ni para el café de papá.

No tenía lo que quería, pero a los 19 me regalaron un auto. No hice lo que quise, pero sí lo que pude y siempre, siempre, sabiendo de dónde venía y sin creerme algo más (realmente no tenía con qué).

Hoy en día, una de las cosas que más me identifican es mi simpleza, naturalidad, espontaneidad, anti-protocolo y, para nada, ser políticamente correcto (o, por lo menos, es lo que yo creo que la gente ve). Aprendí a moverme en círculos top y VIP, pero no es naturalmente lo mío.

Pero también aprendí que “cada cosa tiene su tiempo”.

Le decía a alguien ayer mismo que “hay cosas que ya no quiero, situaciones que ya no tolero y ‘destratos’ que ya no acepto”. Le decía a alguien más días atrás que ahora ya no prefiero las caminatas por la arena cargando bolsos y sombrillas, sino una tarde tomando mate frente a una pileta; que prefiero que me sirvan en un hotel un día, antes que estar una semana cocinando en un departamento de un ambiente, durmiendo unos encima de otros.

“Todo tiene su tiempo” y su lugar...

Cuando fuiste alcanzando un nivel o una posición, tenés que adaptarte a ese lugar.

Si te vas a vivir a Puerto Madero, no da que cuelgues los calzones en el balcón.
Si vas a tomar un café al Tortoni, o un té al Molino, o unas tortitas al Alvear, no da que vayas en cueros… o con ruleros.

Todo tiene su tiempo y su lugar.

Lo mismo pasa en el plano espiritual. No es lo mismo cuando recién llegás al Señor que cuando ya empezaste a tener alguna experiencia con Él. No es lo mismo cuando empezás a servirle que cuando ya estás recibiendo cosas profundas de parte de Dios.

No es lo mismo cuando sos un novato o un neófito que cuando ya tenés tiempo; y no hablo de antigüedad, sino de experiencia en la relación con Él.

Hay un momento, hay un lugar, en el que hay cosas que ya no podés hacer, hay cosas que tenés que dejar de hacer y hay otras que debés incorporar.

Pablo lo dice así:

“Pero, eso sí, debemos vivir de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado.” (Filipenses 3:16 DHH)

“De acuerdo a lo que ya alcanzaste”… Vivir a tono con el lugar donde estás. Ponerte la ropa que compraste. Habitar en el lugar que se te dio.

Estamos siendo posicionados. Sí. No me la creo ni estoy volando. Pero soy consciente de que estamos siendo posicionados.

¿Vamos a seguir actuando como cuando vivís de entrecasa?
¿Vamos a seguir moviéndonos como cualquier otro lo hace?

El autor de Hebreos también tiene su opinión al respecto: “…dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección;…” (Hebreos 6:1)

Todo tiene su tiempo. Todo tiene su momento oportuno. Avancemos a la perfección, a la nueva posición, sin anhelar volver a los ajos y cebollas de Egipto (a buen entendedor…).

Te dejo con esto que escuché hoy:

“Cuando cambia la música, cambia el paso de baile”.

Todo tiene su tiempo.

“No se trata de dejar de ser quien sos. Se trata de aprender a comportarte de acuerdo con lo que Dios ya hizo en vos.”

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