¿Qué imagen viene a tu mente si te digo “pastor de ovejas”? Es algo que va más allá de la idea bíblica, pero ¿qué ves?
Supongo que normalmente visualizamos a un chico o a un joven. Nunca un anciano. Tal vez caminando entre las ovejas. Puede ser durmiendo bajo un árbol y las ovejas a su alrededor. Capaz ves a un jovencito cargando sobre sus hombros a un corderito. Tal vez veas a un muchacho caminando por un valle al que lo sigue un gran rebaño.
Como sea, siempre nos transmite humildad, sencillez, incluso… pobreza. No sé por qué, pero es la idea implantada en nuestra mente sobre lo que es un pastor de ovejas.
Muy distinto sería si te nombro a un arriero, o un vaquero —el que cuida las vacas—. Distinto también si habláramos de quien entrena caballos.
Estos últimos ejemplos transmiten fuerza, coraje, valor. Ideal para una publicidad masculina o para esas que antiguamente promocionaban cigarrillos.
Dos mundos totalmente opuestos para actividades que son prácticamente las mismas: cuidar, guiar y alimentar a una manada, un rebaño o una tropilla.
¿A cuál de estos perfiles elegirías para gobernar?
Ya te estás dando cuenta de por dónde viene la cosa y no podés dar una respuesta objetiva, pero obviamente el mejor perfil de gobernante es el fuerte y aguerrido.
Como un Saúl, de quien Samuel dice: “De los hombros arriba, era más alto que cualquiera del pueblo.” (1 Samuel 9:2)
O un Moisés, con un temple capaz de enfrentar a un egipcio racista y opresor, al punto de asesinarlo.
O un Caleb, que a los 85 años todavía tenía fuerzas y ganas para ir a la batalla y conquistar su tierra prometida.
O tantos otros que han demostrado valor, fuerza y coraje.
Como David… Un muchachito capaz de enfrentar a un gigante y no parar hasta decapitarlo. El mismo que poco tiempo después le entregó a su rey cien prepucios filisteos. El mismo de quien las mujeres cantaban:
“Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles.” (1 Samuel 18:7)
Sí. A ese David eligió Dios. Pero no por su fuerza y valor. ¿O sí? Pero no.
Lo eligió por ser un simple, sencillo, humilde, ignorado y marginado pastor de ovejas:
“Escogió a su siervo David, el que era pastor de ovejas; lo quitó de andar tras los rebaños, para que cuidara a su pueblo, para que fuera pastor de Israel.” (Salmos 78:70-71 DHH)
Con el caso de David ya aprendimos que Dios “no mira lo que mira el hombre, mira el corazón” (1 Samuel 16:7) Pero, a pesar de eso, seguimos creyendo que no damos la medida de lo que Dios espera, solo porque tal vez no estamos a la altura de los demás.
Miramos lo que mira el hombre.
Creés que te falta capacidad.
Pensás que te faltan estudios.
Ponés por delante tu poca cultura o ninguna oratoria.
Creés que otros son mejores, y seguramente lo sean.
Pensás que no sos digno de servir a Dios, y tenés toda la razón.
Ponés por delante tus miserias y fracasos, los que Dios ya conoce y, aun así, te llamó.
Pero Dios llama “a lo vil y menospreciado, para avergonzar a lo sabio y entendido” y Dios llama “a lo que no es, para anular lo que es” (1 Corintios 1:27-28).
Cuando te creés tan poca cosa como para que Dios te use… a la larga… te dejás usar por cualquier cosa que te corra del propósito y del plan de Dios.
Pero Dios… Dios llamó a David de entre medio de las ovejas.
No necesitó sacarlo de un palacio.
No necesitó encontrarlo entre los grandes.
No necesitó buscarlo entre los poderosos.
Lo encontró entre las ovejas.
Ocupate de lo que a Dios le importa y Dios pone sus ojos en vos.
David no fue elegido a pesar de ser pastor; fue elegido precisamente por eso.
