Lo que se le da la gana…

Salomón lo dice así: «Podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos» (Proverbios 16:9, NTV). Una manera sutil, elegante, protocolar tal vez, de demostrar que él hace lo que se le da la gana.

Sí, ya sé que no es una expresión muy ortodoxa ni homilética, pero he aprendido que a Dios no se le anda con vueltas y que no sirve de nada adornar palabras si el corazón está perturbado. ¡Cuántas veces hacemos oraciones dignas de un escenario! Pero por dentro son huecas, vacías de contenido, espíritu y corazón.

También para eso Jesús tiene una palabra. ¡Qué loco! Él sí que tiene respuestas para todo: «Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí» (Mateo 15:8). Bueno, siendo sinceros, él recitó Isaías 29:13, que dijo esas palabras; pero las palabras de Isaías provenían del corazón de Dios, así que… vuelve el cántaro a la fuente…

Por eso prefiero hablar en forma natural, simple, sencilla. Ya quedaron atrás las épocas de usar palabras enroscadas. Dios hace lo que se le da la gana.

¿No dice acaso Pablo que Dios nos adoptó como hijos «por el puro afecto de su voluntad» (Efesios 1:5)? Lo que, en otras palabras, es decir: «Porque quiso hacerlo y punto». O sea… porque se le dio la gana.

¡Ay, si simplificáramos un poquito nuestra relación con Dios, qué sencillo sería entenderlo y acercarnos a él!

Pero, volviendo al punto, cuando Dios tiene un plan, cuando te puso entre ceja y ceja, cuando tiene un propósito con tu vida… no hay manera de escapar.

Bueno, sí, hay manera de escapar, pero Pablo lo dijo así: «Dura cosa te es dar coces contra el aguijón» (Hechos 26:14).

Podés escaparte, pero no vas a salir bien parado.

Es que Dios te creó para un fin. Todo en vos gira alrededor de esa función. En realidad, si usás una tijera para cortar la pizza, ni el corte va a ser óptimo ni la tijera va a quedar en buenas condiciones.

Como te dije hace unos días atrás: «Zapatero… ¡a tus zapatos!». Qué mejor cosa que hacer aquello para lo que fuiste creado, desarrollarte en el área para la que estás capacitado y ser la pieza perfecta que encaja en la maquinaria que hace funcionar el motor.

Isaías también dijo que nadie puede frenar lo que Dios se propone hacer, que nada ni nadie impedirá que… ¡Dios haga lo que quiere! (Isaías 14:24, 27).

Alguna vez lo intenté. Alguna vez creí que se había cortado el hilo. Alguna vez pensé que él ya se había cansado. Pero, una y otra y otra vez, siguió mostrando su voluntad, recordándome el llamado, poniéndome nuevamente en funciones y en el lugar en el que tengo que estar.

Como el pródigo, que volvió como jornalero, pero fue reposicionado. Con vestido, con anillo, con calzado… ¡Con fiesta y asado!

“Dios cumplirá”, dijo David, “su propósito en mi”, dijo David (Salmo 138:8).

Y en vos también…

Me estoy dando cuenta, a medida que escribo, de que esto es una constante y, por lo tanto, un principio. Dios hace las cosas como él quiere y no cambia su propósito y voluntad con aquel a quien llamó.

(Ojo, no tires de la soga porque sí se puede hartar).

Dijo Jeremías, y una vez más me lo dice:

«Si digo: “No pensaré más en el Señor, no volveré a hablar en su nombre”, entonces tu palabra en mi interior se convierte en un fuego que devora, que me cala hasta los huesos. Trato de contenerla, pero no puedo» (Jeremías 20:9, DHH).

¿Creíste que te dejó?
¿Pensaste que te soltó la mano?
¿Creés que se acabó el tiempo?
¿Pensás que ya no hay opción, ni oportunidades, ni vuelta atrás?

«Hubiera yo desmayado» si pensara que Dios no haría prevalecer su llamado, su propósito, su voluntad (Salmo 27:13).

Me parece que tendría que haber escrito sobre el Día de la Raza. Hoy es 12 de octubre y se cumplen 534 años de la llegada de Colón a América. Podría haber hablado del encuentro de dos razas, la espiritual y la natural; del cielo y la tierra; de Dios con los hombres y de lo que eso significa…

Pero… yo puedo hacer mis planes, y Dios me lleva para donde él quiere…

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