En las últimas semanas estoy viendo, en distintos medios y lugares, situaciones que muestran o demuestran el retroceso sociocultural que vivimos en los últimos cien años.
Sí, no te sorprendas. Este último siglo ha tenido un crecimiento y un desarrollo tecnológico como nunca antes en la historia. En apenas cincuenta años hemos avanzado y descubierto cosas que no tienen proporción con los progresos anteriores. Hoy pensamos en cosas habituales, casi rutinarias, como usar un teléfono móvil o ver televisión, sin detenernos a pensar que, hace cien años, ninguna de esas cosas formaba parte de la vida cotidiana tal como la conocemos hoy.
Pero, en lo social, cultural y educativo, nos fuimos muy para atrás.
Por ejemplo, hoy pude ver un documental sobre la construcción del Cristo Redentor de Río de Janeiro. El proyecto comenzó en 1921 y la obra se inauguró diez años después. Para construirlo e instalarlo se utilizaron técnicas, conocimientos de ingeniería, cuidados y detalles que hoy resultan difíciles de imaginar. Se invirtió no solo tiempo, sino también dedicación, dinero y trabajo. Se involucraron ingenieros, artistas, escultores y geólogos. Todo para crear una obra espectacular que sigue sorprendiendo a los turistas.
Mientras lo miraba, pensaba en cómo se habría construido hoy. ¿Cuál habría sido el criterio para seleccionar al escultor, si es que se hubiera convocado a alguno?
Con solo comparar el adefesio que representa a Juana Azurduy con la alucinante escultura de mármol de Colón que reemplazó, podemos ver hasta dónde hemos bajado.
Lo ves en todas las áreas. Tal vez en la cultura es donde más se nota. El arte ya no busca el detalle, sino mostrar una ideología. La música, si no es provocadora, pervertida o bizarra, parece que no impacta ni se hace popular.
¿Viste el detalle de los muebles antiguos? ¿Viste los modernos, minimalistas, de melamina?
¿Viste las grandes obras del arte clásico? ¿Viste alguna muestra del MALBA o del Museo de Arte Moderno?
¿Escuchaste la música popular de los años 60 y 70? ¿Escuchaste a Bad Bunny o a L-Gante?
Ahora dicen que la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer. Y yo me pregunto: ¿es así? ¿Es tan así?
La ley del mercado nos dice, precisamente, que si hay quien compra, hay quien vende. Nadie se pone a vender algo que nadie quiere comprar.
Si aplicamos este criterio a la prostitución y a las drogas, podemos ver que existe un mercado porque hay compradores. Entonces, ¿eduquemos a los compradores para que deje de existir ese mercado? A veces se quiere atacar únicamente al que vende, al que ofrece el producto, pero, si no hubiera quien lo consumiera, sencillamente se terminaría esa comercialización.
Así que me parece que sí, que la culpa la tiene el que le da de comer al chancho. Pero al chancho le gusta comer esa basura.
Al mismo tiempo, digo que esto no es de ahora, porque Salomón ya habla de esta situación.
Por otro lado, me preocupa todavía más pensar que, si desde hace tres mil o cuatro mil años venimos en decadencia, ¿adónde vamos a llegar?
«La necedad es alegría al falto de entendimiento; Mas el hombre entendido endereza sus pasos». (Proverbios 15:21, RVR1960).
O también:
«El corazón entendido busca la sabiduría; Mas la boca de los necios se alimenta de necedades». (Proverbios 15:14, RVR1960).
Yo entiendo que es más entretenido lo burdo y chabacano que lo culto y edificante. El problema es que tu mente se amolda muy rápido a aquello que consumís. Y lo que consumís determina lo que pensás; lo que pensás determina lo que hacés, y lo que hacés define adónde vas a llegar.
¿Adónde querés llegar? ¿Qué metas querés alcanzar?
Ayer hablamos, justamente, sobre Caminar hacia el propósito, y dijimos que debemos estar dispuestos a dejar ciertas cosas.
¿Qué estás dispuesto a dejar? ¿De qué lugares estás dispuesto a salir? ¿Qué situaciones y qué entornos estás dispuesto a abandonar?
Una cosa es muy cierta: si no hacemos cambios, no vamos a cambiar ni el rumbo ni el lugar al que queremos llegar.
No te conformes con la mediocridad. No te amoldes a lo vulgar. No te conformes con la fast food ni la chatarra, esa que te revienta el hígado y no te lleva a ningún lugar.
Buscá alimentarte de lo que te edifica. Buscá elevar tu nivel.
Estamos diseñados por Dios para alcanzar mucho más. Mirá hacia arriba. Miralo a Él. Reconocelo en tus caminos. Preguntale qué es lo que tiene para vos y adónde te quiere llevar.
Animate a dar los pasos que necesites dar para alcanzar la plenitud que solo se obtiene caminando hacia tu propósito.
