Siempre dije que soy mejor improvisando que planificando. No es para enorgullecerme; todo lo contrario. Aprendí que aun la improvisación requiere entrenamiento y que vivir improvisando es una autopista al fracaso.
A veces te va bien, pero creeme que es pura suerte. Otras veces, simplemente tenés dones o habilidades que funcionan de manera independiente. Después de todo, cuando Dios quiere usarte, porque te creó para eso y sos una herramienta útil en sus manos, va a tomar lo que puso en vos para el beneficio de su obra.
¡Nunca creas que, por ser eficiente en tu servicio o trabajo, eso sea una señal de que Dios está con vos!
La mejor manera, siempre, es la preparación.
Entiendo que eso requiere algún tipo de esfuerzo. Mucho o poco, prepararse implica invertir tiempo, tal vez soportar cansancio y, a veces, gastar dinero.
Si hablamos de las grandes ligas y pensamos, por ejemplo, en una carrera universitaria o deportiva, sería ingenuo pensar que todo depende de la improvisación, de los dones o de las habilidades naturales, sin necesidad de preparación.
¿Vos realmente creés que Messi solo se apoyaba en su habilidad natural?
Lo mismo sucede con todos los proyectos, a corto o largo plazo. Si querés aumentar tus posibilidades de éxito o, por lo menos, evitar un fracaso anunciado, tenés que planificar, preparar y organizar.
¡Me quiero comprar un auto! Buenísimo. ¿Evaluaste los costos y los gastos fijos? ¿Sabés cuánto vas a tener que pagar de seguro y patente? Según el uso que le des, ¿calculaste el consumo de combustible? ¿Y el cambio de aceite?
¡Y ni hablemos de lo que pasa si hay que hacer alguna reparación!
¡Quiero poner un negocio! ¡Genial! ¿Planificaste en función de los costos? ¿Tuviste en cuenta los impuestos? ¿Estás seguro de que tu emprendimiento necesita un local físico? ¿No sería mejor empezar de manera virtual?
¡Me quiero casar! ¡Por fin! Ya era hora de que “sientes cabeza”. ¿Tenés dónde vivir? ¿Calculaste el alquiler? ¿Incluiste los gastos iniciales, como el depósito y la inmobiliaria? ¿Calculaste los gastos de luz, gas, agua, tasas municipales, impuestos provinciales e internet?
La improvisación está buena. Tiene su cuota de morbo y adrenalina. Pero la preparación evita las sorpresas, los malos tragos, las corridas y los fracasos anunciados.
Dice Salomón: «Los planes se afirman con un buen consejo; la guerra se hace con una buena estrategia» (Proverbios 20:18, DHH).
Alguien me dijo hace mucho tiempo: «No prepararse es prepararse para fracasar».
Tener talento puede abrirte una puerta, pero solo la preparación te ayuda a estar a la altura del desafío.
No alcanza con tener un destino; necesitás prepararte para llegar.
¿Estás construyendo un puente o simplemente estás confiando en que vas a poder cruzar el río? Porque el cocodrilo no va a esperar a que termines de improvisar.
