Empleados VIP

La paradoja de Spider-Man sigue vigente a lo largo de los años, las épocas, las culturas y las ideologías. Es algo que va más allá de lo que podamos pensar o creer: es un principio activo. «A mayor poder, mayor responsabilidad».

Jesús acompaña esta idea. Te darás cuenta de que no es solo una ocurrencia de Stan Lee, sino que tiene que ver con la vida misma. Al mismo tiempo —y esto me encanta—, el hecho de que Jesús lo diga es, para mí, debate terminado.

Él dijo: «A quien poco se le perdona, poco ama» (Lucas 7:47). Y también nos dejó el principio de la multiplicación en la parábola de los talentos: al que más se le confía, más se espera de él (Mateo 25:14-30). No se trata de exigirles a todos lo mismo, sino de entender que la responsabilidad crece en proporción a lo recibido.

Un grave error en el que podemos caer es creer que haber alcanzado alguna posición nos exime de responsabilidad, trabajo o esfuerzo.

Hay un pensamiento que nace de algunas ideologías sin fundamento que, por ejemplo, ataca al hacendado, al agricultor, al estanciero o al terrateniente, culpándolo de vivir de sus trabajadores y de disfrutar de la gran vida.

Casi pareciera que tomarse vacaciones, poder viajar al exterior o tener un vehículo del año y de alta gama fuera una señal de vagancia. Cuando, en realidad, puede ser simplemente un derecho adquirido después de años de esfuerzo.

—¡Mentira! ¡Lo heredó de sus padres!

Bueno, años de esfuerzo de los padres, entonces, y un derecho adquirido de pleno por ser hijo.

¿Vos sabés lo que invierte y arriesga un agricultor? ¿Vos sabés cuáles son los gastos fijos del que te da trabajo?

Todo poder lleva consigo una gran responsabilidad.

O creer que, porque Dios te eligió y te llamó, eso es por sí solo una señal de favoritismo elitista; que ya sos VIP y no pagás impuestos. Cuando la realidad es que, a cada nivel que subís, te toca volver a pagar el «derecho de piso».

Mayor autoridad, mayor responsabilidad. Más alta la posición, más ruido harás al caer.

Pablo le dijo al inseguro Timoteo (¿por qué tenía tantos conflictos ese chico? Tengo una teoría, pero no la puedo decir): «Haz todo lo posible por presentarte delante de Dios como un hombre de valor comprobado, como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse, que enseña debidamente el mensaje de la verdad». (2 Timoteo 2:15, DHH)

Fuiste llamado por Dios. Fuiste posicionado. Fuiste elegido para tener un cargo de influencia y autoridad. No estás tocando el techo con las manos: apenas estás empezando a descubrir la dimensión de lo que recibiste. Ahora te toca esforzarte para demostrar que sos digno de esa responsabilidad.

—¡Mentira! ¡La salvación es por gracia!

Sí, la salvación es por gracia. No la merecés ni podés hacer nada para merecerla. Pero el llamado, el ministerio, la unción, la autoridad y la posición vienen acompañados de un precio que se paga en cuotas, no fijas pero permanentes, diarias: esfuerzo, trabajo, compromiso y entrega.

Ayer te decía que, cuando empezás algo, te sentís Superman (para distanciarme de Peter), y después te das cuenta de todo lo que te falta.

En esto pasa lo mismo. Cuando escalás una posición, te creés que estás en las nubes… hasta que te das cuenta de que apenas llegaste al entrepiso de la planta baja.

No menosprecies lo que Dios te da creyéndote más de lo que sos. Pablo lo dijo simple y sencillo:

«Nadie tenga un concepto más alto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí mismo con cordura» (Romanos 12:3).

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Deja un comentario