Pero…

«Pero». Según la RAE, es «una conjunción adversativa que sirve para contraponer un concepto a otro anterior, ya sea para matizarlo, restringirlo o negarlo parcial o totalmente».

«Pero» es un divisor de aguas. Es esa palabrita, a veces bendita y otras no tanto, que cambia la visión, la expectativa o la realidad de una situación, cosa o momento respecto de otra.

«Pero» es la herramienta del enfoque, la bisagra de la perspectiva que te hace ver las cosas de una manera o de otra:

«¡Qué lindo día, pero está lloviendo!».

«Está lloviendo, ¡pero qué lindo día!».

Un «pero» puede cambiar tu día, tu enfoque, tu familia, tu destino…

«Pero nosotros…», dice el autor de Hebreos, «…que hemos creído…». ¡Epa! Acá hay una diferencia. «…entraremos en ese reposo, del cual Dios ha dicho…» (Hebreos 4:3 DHH).

«Pero». Unos creen, pero otros no. Unos no creyeron, pero otros sí. Y el resultado no es el mismo. No es lo mismo creer que no creer; no es el mismo resultado de una u otra opción; no es la misma consecuencia la de creer que la de no hacerlo, ni da lo mismo qué hacemos con aquello que creemos.

«Porque nosotros recibimos el anuncio de la buena noticia, lo mismo que ellos; pero a ellos no les sirvió de nada el oírlo, porque no se unieron por la fe con los que habían obedecido al mensaje» (Hebreos 4:2 DHH).

«Pero». Unos creyeron, otros no lo hicieron; unos actuaron en función de lo que creyeron; otros siguieron en la suya; unos le metieron fe a lo que escucharon y creyeron; otros se quedaron solamente con la teoría.

No es lo mismo. No da igual. Dios no hace diferencias entre sus hijos, pero sí hace diferencia entre sus hijos y quienes no lo son, y entre los que creemos y los que no.

¿Y vos? ¿De qué lado estás?, diría el hoy ya grandecito Matías Martin. ¿Sos de los que escuchan? ¿Sos de los que creen? ¿Sos de los que convierten lo que escuchan y creen en acción?

¿O solo sos de los que escuchan y siguen en la suya?

«Pero». ¿De qué lado del «pero» estás?

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